Restaurante Membibre. Pasado, presente y futuro de cultura gastronómica en Madrid.

Llevaba varios meses intentando hacer hueco para visitar el restaurante Membibre. Las referencias del sitio siempre me llegaban positivas y por fin llego el momento.

Hablar de Membibre es hablar de tradición y largo bagaje en lo que conlleva dar de comer, ya que abrió en el año 1967. Un restaurante que siempre se ha caracterizado por tener una parroquia fiel a su comida de grandes rasgos castellanos perfectamente ejecutada.

Quien le diría al fundador, Francisco Membibre, que su antigua casa de comidas se ha convertido en una de las grandes revelaciones a lo que a la restauración madrileña se refiere a manos de su nieto Víctor Membibre, descaradamente joven, pero con un gran talento, forjándose en templos de la restauración como  L’ Atelier de Joël Rebuchon donde proviene esa pasión de Víctor por la caza, Zuberoa o Etxebarri.

El dilema era buscar el equilibrio. Dar un cierto giro a la cocina pero sin ser tan sumamente transgresora como para espantar a la fiel clientela que tan importante es en estos negocios.

El resultado ha sido inmejorable. Los platos siguen siendo claramente identificables, con unos ligeros guiños modernos en algunos, pero sobre todo con una ejecución inmejorable.

Tomamos asiento en su cálido y reconfortante salón.

 

Membibre salon

El equipo de sala funciona en equilibrio perfecto entre personal con asentada experiencia, al igual que un sugestivo dinamismo aportado por la parte joven que se encarga de la sumillería.

Empezamos a desgranar la carta suficientemente pertrechada de platos relatados deliciosamente.

Abrimos boca con un chili crab de txangurro que como ustedes saben se trata de centollo. El plato tiene gran balance de sabor donde el centollo lleva la voz cantante en una sinfonía de sabores sutilmente picantes y bien condimentados. Guiño a la cocina de David Muñoz quien popularizo este plato oriental de los años 50 en nuestro país. Esto promete.

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Foto. Chili Crab de txangurro.

Continuamos con un solvente plato de alcachofas y almejas. Buen fondo en un plato de sabores sutiles.

 

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Foto. Alcachofas con almejas.

El tercer plato se compuso de unas navajas en escabeche. Buen trato del bivalvo que sale sin apenas tocar para percibir su frescura. Echo en falta mas carácter en el escabeche pero aun así es un gozoso plato.

 

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Foto. Navajas en escabeche.

Cuarta parada. Raya. Este cartilaginoso pescado me encanta por su equilibrio.

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Foto. Raya.

La quinta entrega dejando aquí los sabores del mar se compuso de una bouillabaisse. Vaya manera tan rotunda de despedir el mar. Este plato provenzal nos hace unificarnos de una manera firme y catalogarlo como el mejor de la comanda. La calidad e intensidad del fondo más la perfecta ejecución de sus componentes lo hacen imprescindible.

 

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Foto. Bouillabaisse.

Nos marchamos ahora al monte para encontrarnos con otro apartado de los importantes en el restaurante, la caza.

Pedimos pato azulón con su royal. Un restaurante que trata así de bien la caza hace que ya tenga muchos puntos a su favor. Intensidad, profundidad, placer.

 

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Foto. Pato azulón y su royal.

El viaje va llegando a su fin con una molleja glaseada. Untuosa y de gran sabor. Un bocado exquisito.

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Foto. Molleja.

Ya íbamos bien llenos, así que para finalizar compartimos una torrija de postre. Pura cremosidad.

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Foto. Torrija.

 

En el capitulo liquido, no puedo opinar de su carta de vinos ya que como nos pasa en otras ocasiones, nos gusta aportar cada unos sus vinos. Así que en este caso estos fueron:

  • Porta dos Cavaleiros Reserva Blanco 1985. D.O Dão

Es impresionante la longevidad de los vinos de esta región. Este se mostró con una gran complejidad en nariz asemejándose a veces a un gran Rioja clásico. La boca mostraba todavía buena acidez y cierta presencia.

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  • Champagne Vouette & Sorbée cuvée Textures.

Un Champagne de uno de los elaboradores que más están dando que hablar últimamente por sus personales vinos bien apegados al carácter de cada parcela. Este sin ir más lejos se elabora con una variedad minoritaria en la zona, Pinot Blanc además añadir que su crianza se hace en ánfora. Nariz no muy compleja pero la boca demuestra la personalidad del suelo donde crecen esas uvas.

 

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  • Vosne-Romanée. Premier Cru Les Beaux-Monts 2013. Domaine Daniel Rion & Fils.

Un tinto totalmente exponencial de la zona. Muy cambiante en copa, con garra, un buen manto especiado, donde a veces surgían más notas de bosque o animal, como que otras veces se iba a la gama frutal.

 

En conclusión, me alegra y mucho que esta casa de comidas como otras tantas, que surgió tan humildemente hace ya sus 50 años y que tanto carácter dan a los barrios, se haya posicionado en uno de los restaurantes revelación de estos últimos años gracias al buen hacer de la familia Membibre, sumando el talento en cocina y en sala de la nueva generación familiar. Gran porvenir se vislumbra.

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